7 de mayo, 2026. Chihuahua, México

Encuentro Un Mundo Una Familia con Sri Madhusudan Sai

Discurso

 (En español): “Hola” (risas). Siempre es tan agradable volver a México, a Chihuahua, con todos ustedes y con tantas personas que han venido hoy desde tantos países. 

¿Por qué vengo aquí? ¿Por qué vienen ustedes aquí? No solo para vernos cara a cara. No solo para escuchar lo que yo digo o lo que ustedes dicen. No solo para encontrarse con viejos amigos y familiares. No solo para presentar algunos libros en el escenario, no solo para escuchar la música y todas las charlas, y espero que no solo por la cena. Venimos aquí por una razón más grande. Venimos aquí para experimentar algo que no experimentamos en todas partes, y esa experiencia es la experiencia del amor. Un amor incondicional, no transaccional, desinteresado y libre. Solo ese amor es el hambre que impulsa a todos los seres humanos. Pensamos que queremos alcanzar riqueza trabajando, o ganando un buen nombre y fama en la sociedad, o creemos que seremos más felices cuando tengamos más amigos y familias más grandes, o cuando vivamos en grandes mansiones y viajemos por el mundo. Creemos que todas esas son formas de hacernos más felices de lo que somos hoy, pero si esa fuera la única manera de ser felices, entonces la mayor parte del mundo debería ser feliz, porque tienen algunas de esas cosas. Pero saben, yo viajo por todo el mundo y conozco personas que tienen eso y mucho más; sin embargo, no son tan felices. Siempre me hablan de sus problemas. Yo pensaba: tienen una gran casa, mientras millones no tienen una casa. Tienen una gran familia, mientras millones no tienen familia. Tienen tanta riqueza, mientras millones apenas pueden sobrevivir. Tienen mucho más que la mayoría de las personas en el mundo. Entonces, ¿qué es aquello que hace que todavía no sean felices? ¿Por qué me hablan de sus problemas? ¿Cómo pueden siquiera tener problemas cuando tienen tanto de tantas cosas? Porque no son felices, porque no tienen amor, amor verdadero. Y también he visto personas que no son tan ricas. Viven en casas pequeñas, no tienen mucho dinero ni fama, y a veces ni siquiera tienen familia; pero las he visto felices. Y entonces me pregunté: ¿cuál es la diferencia entre unos y otros? Y descubrí esto: estas personas tienen amor y aquellas no lo tienen. 

Toda la sociedad nos dice que seremos más felices si tenemos cosas materiales, más logros y un nombre y fama más grandes. Y nos dicen que mientras más tengamos, más felices seremos. Pero eso no es verdad: solo somos felices cuando nos sentimos amados y cuando somos capaces de amar. Ahí es cuando somos quienes realmente somos; no doctores, no ingenieros, no empresarios, no padres. Somos personas que aman y lo que falta hoy en el mundo es amor, y esa falta de amor es la razón por la cual las personas no son felices cuando no lo tienen. No estoy menospreciando la necesidad de las cosas materiales; las necesitamos para sobrevivir, para vivir. Las comodidades básicas son necesarias para sobrevivir y vivir, pero tienen un uso limitado. Después de cierto tiempo, ya no aportan a tu felicidad porque no traen más amor. Y si pudieras comprar amor en el mercado, construir una gran mansión de amor, almacenar amor en las alacenas y bancos, y si crees que eso es posible, desafortunadamente no lo es. Porque el amor es tan invaluable que no tiene precio; no puedes comprárselo a nadie. Tiene que venir del corazón.

 Ayer estaba en la casa del Dr. Sunny, que está aquí con nosotros junto con su esposa, y ellos me preguntaban: “Queremos experimentar a Dios en todo y en todos. ¿Cómo hacemos eso? ¿Cómo es?”. Yo les dije que existen muchas ideas falsas sobre experimentar a Dios de cierta manera en particular. No obtienes extra visión en la que ves algo diferente de lo que normalmente ves ahora. No ves colores ni escuchas música cuando ves a Dios en todos. Las personas no se ven diferentes de lo que son cuando las ves como Dios.

 Entonces, ¿qué sucede cuando sientes que estás experimentando a Dios? Simplemente experimentas amor incondicional. Eres capaz de amar incondicionalmente y también recibes ese amor como respuesta. 

Cuando miras una flor, una flor hermosa, el deseo te dirá: “Tómala y quédatela para ti. Arráncala”. Pero el amor te dirá: “Déjala ahí. Ahí es donde pertenece”. De la misma manera, el amor no pide, no quiere poseer, acumular ni apropiarse. No busca nada para sí mismo, porque simplemente es capaz de expresarse sin depender de lo físico. Y ese es el poder del amor: puede trascender el tiempo, puede trascender las geografías, puede trascender las barreras del idioma, puede trascender las economías, puede trascender todas las limitaciones de este mundo físico. Yo puedo estar en India y ustedes pueden estar en México, y aun así podemos sentir amor unos por otros. Cuando sientes este tipo de amor que no depende de la distancia, ni de condición alguna, ni de dar y recibir, entonces estás experimentando poco a poco a Dios. 

Así que sí, hay calma en la experiencia de Dios, hay plenitud en la experiencia de Dios, pero sobre todo, hay amor en la experiencia de Dios. Y esa plenitud de amor es lo que te hace feliz, porque vuelves a tu verdadero ser original. Y en verdad fuiste creado únicamente para amar y ser amado; no hubo otra razón para tu creación. Entonces, cuando regreses y te encuentres con tu Creador, Él no te hará ninguna otra pregunta: ¿cuántas casas tenías?, ¿cuántos hijos criaste?, ¿cuántos títulos obtuviste?, ¿qué tan popular eras?, ¿cuántos seguidores tenías en redes sociales? Solo te hará una pregunta: “¿Amaste como Yo amo?” Y si tu respuesta es no, entonces no has hecho nada en este mundo. Todo habrá sido en vano. 

Así que lo que yo experimento, enseño o comparto gira en torno a esta idea del amor, porque todas las demás cosas están escritas en los libros de religión y espiritualidad. Hay milagros, hay percepciones extrasensoriales, quizá haya superpoderes, sucesos sobrenaturales o acontecimientos extraordinarios, pero nada de eso es la experiencia de Dios. La experiencia de Dios es muy simple, como todas las verdades, que generalmente son muy simples. Pero aunque es simple, no es fácil.

 Como la mayoría de las cosas simples, no es fácil. La más simple de todas las cosas es ser capaz de amar incondicionalmente, pero esa es la cosa más difícil de hacer. Porque incluso si no esperas nada, todavía esperas ser amado de vuelta. Pero incluso eso no está permitido aquí. Esto es simplemente amar, dar, sin esperar recibir nada a cambio. Y eso es aún más elevado y puro que cualquier otra cosa. Y estoy seguro de que todos hemos experimentado eso en algún momento, por pequeño que haya sido. En algún momento de fe, en algún momento de oración, en algún momento de entrega, en algún momento de alegría, han experimentado ese amor. Tal vez vino de un maestro en la escuela, quizá de un extraño en el tren, quizá de un sacerdote en la iglesia, quizá de su familia, quizá de un amigo. De muchas maneras hemos experimentado ese amor. Estoy seguro de ello, porque fuimos hechos para amar a los demás. Es solo que somos incapaces de hacerlo todo el tiempo y las personas que son como Dios son capaces de hacerlo todo el tiempo. Todos podemos correr un poco, pero un atleta puede correr largas distancias. De la misma manera, todos somos capaces de ese amor puro, pero una verdadera persona de Dios es capaz de ello todo el tiempo. Y esa es la verdad última.

 La gente no iba con Jesucristo solo porque realizara milagros. No todos experimentaron milagros. No acudían a Cristo solo porque pudiera sanarlos o curarlos. No todos estaban enfermos o postrados en cama. Tampoco acudían a Jesucristo solo por su mensaje y sus enseñanzas, porque muchos otros también compartían mensajes; ellos acudían para experimentar ese amor que solo podían sentir en su presencia. Ese es el poder de las personas de Dios. No existe otro poder que tengan en sus manos. Eso es todo lo que poseen, eso es todo lo que tienen: la capacidad de amar, independientemente de cualquier cosa. 

Dondequiera que exista ese amor, existe la felicidad y esa felicidad es lo que buscamos. Por eso viajamos largas distancias para estar aquí, porque podemos experimentar esa felicidad que no es posible obtener por medios materiales. Estoy seguro de que la mitad de la sala entiende lo que estoy diciendo. Tal vez la otra mitad se esté preguntando: “¿Eso es todo?”. Pero lo comprenderán a medida que crezcan en la vida. Pero al final, lo único que realmente importa es que hayas sido capaz de amar incondicionalmente. Todo lo demás se convierte en polvo. Por eso insisto: traten de amar de esa manera. Y ese amor se expresa como ayuda incondicional, servicio, o de muchas otras formas. Una sonrisa, una palabra gentil, un acto de compasión; de muchas maneras se manifiesta. Pueden intentarlo de cualquiera de esas formas. Aquí también la gente es muy amorosa. Cantan, bailan, comen, aman, y eso me gusta. No deberían tomarse la vida demasiado en serio. Mientras más serios sean, más serios los hará la vida. A veces simplemente hay que dejar que las cosas sean, sabiendo que todo estará bien. 

Cuando me encuentro con personas y me dicen: “Swami, ¿cómo puedo lidiar con esta situación? Es tan difícil, tan dura. Me supera, está más allá de mí. No tengo la capacidad de enfrentarla”. Yo les digo: “Eso es muy bueno. Ahora ya sabes que no puedes cambiarla, así que haz las paces con ello y sé feliz”. ¿Por qué luchar contra eso? Así de simple. Y cada vez que haces eso, creces. Cada vez que aceptas, creces. La espiritualidad es muy diferente de la manera en que funciona el mundo. En el mundo todo se trata de, ¿qué gano yo con esto?, ¿qué puedo obtener?, ¿cómo puedo lograr esto o aquello? Pero la espiritualidad funciona al revés: ¿qué hay en esto para todos?, ¿cómo pueden todos ser felices?, ¿cómo pueden todos beneficiarse? 

Por eso es muy difícil explicar cómo ser espiritual por medios mundanos y la espiritualidad no se trata de huir a las montañas, o abandonar a su familia o convertirse en monje o santo. Eso no es necesariamente espiritualidad; es simplemente otra forma de vida. Alguien es empresario, alguien es monje. Es solo otra profesión, digamos. Eso no es necesariamente espiritualidad.

 La espiritualidad es algo interior: esta capacidad interna de poder amar, así seas empresario o monje, no importa. Así que cualquiera puede ser espiritual. No pueden todos ser monjes. Entonces es fácil y es simple; pero nadie me cree. “Esto es demasiado simple para ser verdad. Deberías enseñarnos algunas técnicas.” “Aguanten la respiración hasta caerse de la silla. No coman durante tantos días, hasta que requieran darles algo vía intravenosa. No usen ropa buena, sino harapos para que parezca que son espirituales”. No creo en ninguna de esas cosas. Si sienten hacerlo está bien, pero no es obligatorio ni necesario. 

Si hacen todo eso y aun así son incapaces de amar incondicionalmente, entonces todo es un desperdicio. Eso no es espiritualidad. Así que nuestro mensaje es muy simple: sé lo que eres, dondequiera que estés. Haz lo que te guste hacer, pero en lo más profundo de tu corazón, sé capaz de amar incondicionalmente; entonces eres espiritual y esa es la experiencia de Dios. Suena simple, pero no es fácil, porque siempre estamos pensando: “¿qué puedo obtener?, ¿qué gano yo con esto?”. 

Así funciona la mente, con sus propios miedos, inseguridades y preocupaciones. Y cuando en la vida no hay preocupaciones, la gente se preocupa: “¿por qué no tengo ninguna preocupación?”. Y entonces empiezan a preguntarme: “no tengo preocupaciones y ahora esa es mi preocupación, porque ¿cómo es posible que no tenga ninguna preocupación?”. He visto todo tipo de personas en el mundo, pero aun así para mí, aquellas personas que son simples y sencillas, y que simplemente saben que su corazón está su lugar y que están aquí para amar, eso es lo más simple. Me encuentro muy pocas personas así. La mayoría de las personas piensa: “Si eres un Gurú, dame un mantra”, o cuentas de meditación, como los rosarios, o alguna técnica de respiración, o algún ritual, o alguna oración. Pero yo les digo: “No conozco ninguna de esas cosas, porque no usé ninguna de ellas para llegar a donde he llegado”. 

Así que no sé de eso. Pero, ¿cómo llegué a donde estoy? Aprendiendo a amar incondicionalmente. Esa es mi técnica, ese es mi mantra, ese es mi método, ese es mi ritual: tratar de amar incondicionalmente. Cada vez que la mente se interponga en el camino, trata de rechazarla y sigue amando incondicionalmente. Ese es mi camino. Es muy simple, pero es lo más difícil. Mover las cuentas del rosario es fácil; leer las escrituras es fácil; asistir a las oraciones en la iglesia es fácil; pasar hambre durante cuarenta días también es fácil; e incluso viajar hasta el otro lado del mundo para conocer a alguien también es fácil. Pero estar donde estás y amar incondicionalmente no es fácil. Eso es lo que deberían practicar. 

Cada vez que surja un pensamiento egoísta, díganse: “Ese no soy yo. Así no es como debería ser”. Cada vez que conozcas a alguien, hazte esta pregunta: “¿qué puedo dar?, ¿qué puedo hacer por esta persona?”. Entonces comenzarás a aprender a amar incondicionalmente. Ese es el método, ese es el proceso. Sí, existen las fundaciones y plataformas; ustedes también pueden formar parte de ellas, y eso les da oportunidades para amar.

 Pero no esperen a que una fundación les enseñe cómo amar: háganlo donde estén y siendo quienes son. Se despiertan junto a su esposo y preguntan: “¿qué puedo hacer hoy por mi esposo?”. Aunque él no haga nada por ustedes; así son la mayoría de los esposos (risas). Cuando miren a sus hijos, piensen: “¿Qué puedo hacer hoy por ellos?”. Aunque a veces no los escuchen. O miran hacia afuera y ven a su vecino y piensan: “¿Qué puedo hacer por ellos?”. 

Aunque rara vez sean amables con ustedes. Pero este proceso mental, este cambio de pensamiento: ¿qué puedo hacer?, ¿qué puedo dar?, ¿cómo puedo ayudar? Entonces comenzarán a amar incondicionalmente. Ese es el proceso, ese es el método. No se preocupen de si cuidarán de ustedes, porque existe un Poder Divino más grande que cuida de nosotros, y ese poder nos ha enviado aquí para ser así, para ser capaces de amar. Así que quien aprende a amar de esa manera, Dios lo protege. Ya no tienen que preocuparse por ustedes mismos. Sí, ese es el camino para amar incondicionalmente. Es muy simple; pueden intentarlo. Pregúntense: “¿Qué puedo hacer hoy por los demás? ¿Qué puedo dar? ¿Cómo puedo ayudar?”. Den pequeños pasos; lentamente su proceso de pensamiento cambiará, y un día serán capaces de amar incondicionalmente todo el tiempo. Ese día serán Dios. ¿Tienen alguna pregunta? Pueden preguntar. Pero no me pidan mantras, métodos o prácticas; no voy a hacer eso (ríe). 

—Pregunta 1: Tengo tantas preguntas, pero haré solo esta: ¿Cómo podemos amar a todos?, ¿cómo podemos transmitir este mensaje? ¿Cómo podemos compartirlo con otros? —Sri Madhusudan Sai: Practicando. 

—Pregunta 2: Entonces, si la enseñanza es “practica el amor”, ¿cuándo comenzaste? ¿Cómo empezaste? —Sri Madhusudan Sai: ¿Cómo empecé? ¿Mi historia? Oh (ríe). Cuando era pequeño, siempre quería ayudar. Y mis padres se preocupaban de que algún día me convirtiera en monje, y por supuesto sus preocupaciones se hicieron realidad. Pero cuando conocí a Sai Baba, a Sathya Sai Baba, fue entonces cuando mis convicciones se volvieron muy fuertes. Yo quería ser como Él, alguien capaz de amar a todos, de servir a todos de una manera tan espontánea. Así que le pedí que me enseñara cómo lo hacía. Él me dijo: “Algún día te enseñaré”. Pero luego dejó este mundo. Y yo me preocupé pensando: “¿Cómo voy a aprender ahora, si Él ya no está aquí?”. Pero escuchando mis oraciones, o bien debido a Su compasión, vino y me enseñó de muchas maneras. Solo me dio dos instrucciones. Me dijo: “No trates de ser como Yo: sé Yo. Y para eso, sé desinteresado, valiente y no tengas vergüenza”. Simplemente sigo eso. Me volví desinteresado, fui capaz de amar; me volví valiente y pude amar más. Y perdí toda vergüenza, y entonces pude amar todo el tiempo. Esa es la versión corta de toda la historia.

 —Pregunta 3: Entonces, ¿el estado actual del mundo se debe a la falta de amor? 

—Sri Madhusudan Sai: Absolutamente. Absolutamente. Si hubiera amor, no habría guerras, no habría conflictos, no habría egoísmo. Como dije, es muy difícil practicarlo. Necesitamos un ejemplo para verlo e inspirarnos. Como Sai Baba: lo ves y te inspiras. Tratamos de ser como Él, tratamos de seguirlo. Si te vuelves así, alguien al verte se inspirará. Y así esa inspiración puede transmitirse. Así como una vela puede encender otra vela, y un día el mundo está lleno de amor. ¿Cuántos años tomará? Depende de cuántas personas lo estén practicando. 

—Pregunta 4: Hay muchas personas pidiendo dinero en las calles, pero han empezado a considerarlo su trabajo. ¿Cómo podemos distinguir la diferencia? Porque a veces realmente no lo necesitan. 

—Sri Madhusudan Sai: Como dije, si realmente quieren ayudar, tienen que hacer todo lo necesario para descubrir para qué lo necesitan y cómo lo usarán. Si quieren ayudar, ayuden con el verdadero espíritu de ayudar, no solo dando algo y yéndose. Un día Sai Baba me dijo, me preguntó: “¿Mereces servir?” Me preguntó eso: “¿Mereces servir?”. Pensamos que la otra persona debería merecer recibir nuestra ayuda, pero Él me preguntó: “¿Mereces ayudar?”. Lo que quería decir es esto: si quieres ayudar, entonces ayuda de verdad, y haz todo lo necesario; no hagas solo un pequeño gesto y luego te alejes. 

—Pregunta 5: Con permiso del traductor, voy a decirlo en inglés y español para todos. ¿Cómo cree que debemos actuar cuando nuestras emociones son inmanejables, cuando no somos capaces de controlarlas? ¿Cómo podemos manejar nuestras emociones y amar incondicionalmente?

 —Sri Madhusudan Sai: Baba solía decir: “Las emociones son como la diarrea: no puedes controlarlas”. Así que lo mejor es no salir, porque no puedes controlarlas. Si sales y te involucras con las personas respecto a las cuales estás teniendo emociones fuertes, solo empeorarás las cosas. Lo primero que debes hacer es no permitir que el cuerpo siga a la mente cuando estás emocionalmente alterado. Y lo segundo es darte tiempo. Y si estás muy alterado, respira; respirar es una forma de calmar un poco la mente. Y cuando las personas encuentran difícil perdonar, porque están muy afectadas emocionalmente por algo, yo solo les digo: “Pregúntate cuántos errores has cometido y Dios te ha perdonado. Tú también deberías perdonar”. 

—Pregunta 6: Tengo dos preguntas. La primera es: ¿cómo se pueden fomentar los valores entre los jóvenes, especialmente entre aquellos que han crecido sin valores? Y la segunda es: ¿cómo se puede cultivar esperanza en esos jóvenes que han crecido con dificultades? 

—Sri Madhusudan Sai: La primera parte es, nuevamente, que ellos quieren ejemplos a seguir. Quieren ver a alguien practicándolo; solo entonces creerán. No puedes enseñarles mediante libros, videos o sermones. Los jóvenes no aprenderán así; solo aprenderán al ver a alguien poniéndolo en práctica. 

Así que primero hay que poner en práctica para poder predicar. Esa es la primera parte. La segunda pregunta: los niños que crecieron en familias muy difíciles, ¿cómo les devolvemos la esperanza? Lo que les faltó, eso es lo que hay que devolverles. Si les faltó amor, denles amor; si les faltó cuidado, denles cuidado. Lo que sea que les haya faltado en su infancia, eso es lo que deben darles. Entonces volverán a la normalidad, recuperarán la esperanza y se volverán positivos. Todos necesitamos amor.

 El amor soluciona todo; es la única medicina para todos los problemas de la vida. Especialmente los niños: si no experimentan amor temprano en la vida, se vuelven llenos de enojo, desesperanzados y frustrados, y después se lleva tiempo desarrollar la fe en ellos. Por eso debemos asegurarnos de que todos los niños encuentren amor, aunque no sea en su familia, al menos en su sociedad, en su comunidad, en sus escuelas, en su vecindario. Alguien debe mostrarles amor; de lo contrario, crecerán llenos de enojo. 

—Pregunta 7: ¿Cuál es el indicador, el fruto, que nos hace saber que vamos por el camino correcto de amar incondicionalmente? 

—Sri Madhusudan Sai: La felicidad. Siempre estás feliz y no puedes explicar por qué. 

—Pregunta 8: Entonces, todo el mensaje gira alrededor del amor, pero ¿cómo se puede compartir ese mensaje si uno no entiende qué es el amor? Me gustaría saber cuál es su concepto del amor. 

—Sri Madhusudan Sai: Empezando otra vez, desde el principio. El amor, para distintas personas, puede significar cosas diferentes en distintos momentos. Pero en general, te sientes amado cuando eres aceptado incondicionalmente. Y de la misma manera, realmente amas cuando aceptas incondicionalmente a los demás. Esa es la comprensión más básica de cómo se ve el amor. Después puede expresarse de otras formas, como salir y hacer algo por alguien. Pero lo primero es aceptar. Ahora, nosotros trabajamos con muchos niños. Muchos de ellos se sienten rechazados porque provienen de ciertos entornos. Han sido rechazados por la sociedad porque son pobres, o porque sus padres no son buenas personas, o porque su contexto familiar no es bueno, y se sienten muy heridos. Pero cuando los aceptamos en la escuela y les decimos: “Eres nuestro, cuidaremos de ti”, entonces comienza el amor. Esa es la forma más fundamental de mostrar que amas: aceptarlos. 

—Pregunta 9: Amar a la familia y a los amigos es fácil. Si uno no puede amar, pero respeta a los demás y se mantiene neutral, ¿eso es una forma de amar? 

—Sri Madhusudan Sai: Amar a la familia es fácil; aunque a veces también es difícil, porque los conocemos muy bien (risas). Ser neutral no es amar. Al intentar ser neutral, de hecho te estás impidiendo a ti misma amar. No hacer daño no significa que estés ayudando. Del mismo modo, no odiar no significa que estés amando. Así que intentar ser neutral no es realmente amar, porque también podría llamar a eso simplemente “no odiar”. Eso es todo, creo.

 Ahora, ¿qué hay de cenar? Esa es mi pregunta (risas). ¿Enchiladas? Porque el año pasado me prometieron que la próxima vez servirían enchiladas. Creo que la comida mexicana es famosa en todo el mundo. Ahora hay restaurantes mexicanos en todas partes, incluso en India. Una vez fui a una casa de personas de la India en Estados Unidos. Me sirvieron arroz mexicano y les pregunté: “Esto está mejor que la comida india, ¿cómo es posible?”. Entonces me dijeron: “Hay una mexicana trabajando en la casa; ella lo cocinó” (risas). Así que la comida mexicana es famosa en todas partes y me gusta mucho. También me gusta la música, la música que estaban tocando afuera (música mariachi), e incluso la canción que cantaron, “Hallelujah”, muy lindo. Hay muchas cosas buenas sobre México. Si pudieran amar un poco más, sería aún mejor. Bueno, muy bien.

 —Presentador: Creo que merece un caluroso aplauso. Un regalo de todo corazón para Sri Madhusudan.